**Título: Desde Antonio Bardellino hasta Firass Taghi: España permite la fuga de los grandes capos**
**Contenido reformulado:**
España, en el año 1984, era una democracia en sus inicios y aún se encontraba distante de los parámetros europeos. No fue hasta el año 1986 que se unió a la entonces Comunidad Económica Europea, actual Unión Europea, lo que significaba que cualquier escándalo judicial podía afectar la confianza internacional. Eran tiempos diferentes; el poder legislativo, ejecutivo y judicial prestaban mayor atención a las injerencias del crimen organizado internacional en el futuro del país. Se tomaban más en serio que en la actualidad. Al menos, esa es la impresión que se obtiene al observar las decisiones que se toman hoy, con la liberación de destacados miembros del crimen organizado que luego escapan para eludir sus responsabilidades.
En febrero de 1984, la Justicia española experimentó en carne propia las consecuencias que la mafia puede acarrear a un Estado, ya que Antonio Bardellino logró escapar del país tras presuntamente abonar 10 millones de pesetas a dos jueces, hechos que no fueron comprobados en la vía judicial. Bardellino era el capo camorrista que transformó la mafia napolitana, una afirmación que, aunque se expresa con rapidez, encierra una influencia de gran peso en el crimen organizado europeo.
En una época sin redes sociales, logró, en cuestión de meses, establecer contactos lo suficientemente significativos como para influir, supuestamente, en el magistrado del Tribunal Supremo de España, Jaime Rodríguez Hermida, quien a su vez intercedió con el instructor temporal de su caso, Ricardo Varón Cobos, permitiendo su liberación mediante el pago de una fianza irrisoria de cinco millones de pesetas, que al cambio equivaldría a 30.000 euros.
La historia del jefe de la Camorra podría recordar a los casos más recientes de fugas de importantes narcotraficantes en España, después de supuestos errores judiciales, como las de Abdellah El Haj Sadek El Menbri, conocido como El Messi del Hachís, Karim Bouyakhrichany y Firass Taghi, presuntos miembros de alto rango de la Mocro Mafia, o la reciente liberación de personas de la relevancia de Fikri Amellah.
Bardellino era un miembro destacado de la Cosa Nostra y también lideraba la Nueva Familia, una coalición de clanes de la Camorra que derrocó a la Nueva Camorra Organizada, liderada por Raffaele Cutolo.
En noviembre de 1983, fue arrestado en el pub Atticus, situado en la calle París de Barcelona. Es probable que la policía española conociera poco o nada sobre el historial del clan dirigido por Bardellino. En aquel entonces, la información y la cooperación internacional entre países no eran tan fluidas, e Italia no facilitaba tantos datos sobre sus fugitivos como se hace actualmente. La Ciudad Condal sigue siendo, hasta el día de hoy, un refugio para los narcotraficantes italianos. Por algo será.
En ese momento, ya existían sobre Bardellino cuatro importantes órdenes de arresto. Tres de ellas eran por delitos relacionados con organizaciones criminales, y la cuarta correspondía a un atentado con coche bomba contra un aliado de su rival Raffaele Cutolo.
Durante esos años, la mafia en España era considerada un fenómeno que solo existía en la exitosa película El Padrino de Mario Puzo. Por ello, no resulta sorprendente que un capo de La Camorra lograse establecer contactos judiciales a través de la novia de su escolta, Raffaele Scarnato. Esta mujer, Encarnación Reaño, hizo declaraciones explosivas al periodista José Yoldi, del diario El País, en mayo de 1984. Aseguró que por la fuga de Bardellino recibió importantes sumas de dinero y mencionó, entre otros, al magistrado del Tribunal Supremo Jaime Rodríguez Hermida y al juez de la Audiencia Nacional Ricardo Varón Cobos, quien fue el responsable de imponer la fianza que permitió al napolitano marcharse a Brasil.
Ninguno de los jueces fue condenado penalmente por el Tribunal Supremo, lo que constituyó otro escándalo. Posteriormente, el Consejo General del Poder Judicial expulsó a ambos, aunque curiosamente, al final solo Hermida asumió las consecuencias. Varón Cobos pudo reanudar su carrera tras abonar una multa.
Este caso generó un cisma judicial y un escándalo internacional en su momento, ya que era evidente que Bardellino había sobornado a la justicia española para evitar su extradición a Italia, lo que logró con éxito. Nunca más se volvió a tener noticias de él en España, y la versión oficial indica que en 1988 fue asesinado en Brasil por su antiguo aliado Mario Iovine. En Italia, su leyenda perdura, dado que nunca se encontró su cuerpo, y los camorristas que ahora se han convertido en arrepentidos disfrutan hablando de él, afirmando que lo vieron después de su muerte.
El caso del capo napolitano representó el primer gran escándalo internacional del España democrática en relación con el crimen organizado. Para Italia, Antonio Bardellino era un objetivo prioritario debido al crecimiento de su organización criminal, de manera similar a cómo actualmente son considerados en los Países Bajos personajes como Karim Bouyakhrichany y Firass Taghi, quienes son capos de diferentes clanes de la Mocro Mafia, siendo el segundo de ellos hermano del máximo líder, Ridouan Taghi.
En los dos casos mencionados, se han producido errores similares: no se han ejecutado adecuadamente las órdenes de extradición que pesaban sobre los narcotraficantes y han logrado fugarse tras pagar fianzas.
Un aspecto fundamental en las relaciones entre Estados es la confianza, especialmente cuando se trata de dos países que son parte de la Unión Europea. Para las autoridades ibéricas, es prioritario recuperar la seguridad en los Países Bajos, ya que los clanes más poderosos de la Mocro Mafia operan en toda España. Es crucial investigar su estructura, funcionamiento y capacidad económica. En los Países Bajos no solo se cometen asesinatos, sino que también llevan a cabo atentados con explosivos. Este método aún no se ha trasladado a España, pero podría ocurrir en cualquier momento, dado que sus ambiciones dentro del crimen organizado están en aumento.
Los clanes de la Mocro Mafia colocan cada año cientos de bombas en los Países Bajos y mantienen bajo amenaza a jueces, fiscales, funcionarios y periodistas que residen allí, quienes cuentan con protección permanente. Que en España dos de sus miembros principales sean liberados debido a errores procesales es inaceptable. No ha sido necesaria una defensa extraordinaria por parte de sus abogados para aprovechar esta situación; simplemente, alguien no realizó correctamente su trabajo y no ha sido sancionado por ello.
En la lucha contra el crimen organizado en España, no es imprescindible que aparezca un Giovanni Falcone, pero sí parece vital que los tres poderes —el legislativo, el judicial y el ejecutivo— tomen en serio la clara amenaza que representa la expansión del crimen organizado en cualquier ámbito.
En este 2025, la primera jueza instructora del caso del doble asesinato de los guardias civiles en Barbate recibió una clara amenaza mafiosa, pues su vehículo fue rociado con pintura. Esto representa un desafío que hasta hace pocos años ninguna organización criminal se atrevería a realizar de forma tan descarada en España. Sin embargo, la situación ha cambiado. Es necesario abordar un problema en constante crecimiento, que desde el Gobierno y el Poder Judicial solo se está barriendo, por ahora, debajo de la alfombra.
