NARCOTRÁFICO

La 'Flota de Indias' de Sevilla que intercambió oro por cocaína

Redaccion
La 'Flota de Indias' de Sevilla que intercambió oro por cocaína
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La 'Flota de Indias' de Sevilla que intercambió oro por cocaína

Título: La 'Flota de Indias' de Sevilla que transformó el oro por cocaína

Contenido reformulado: Sanlúcar de Barrameda, Isla Mayor, Coria del Río y la Puebla del Río comparten la característica de ser localidades situadas a orillas del río Guadalquivir. En tiempos pasados, este río fue el vínculo que unió América y España gracias a la Flota de Indias. En la actualidad, este vínculo se establece de una forma diferente. Por sus aguas ahora circula una mercancía de gran valor económico, similar al oro americano, y como en cualquier frontera del mundo, operan contrabandistas que se han ido adaptando a las nuevas circunstancias.

Durante un periodo que abarcó dos siglos, el puerto más relevante de España fue el Puerto de Sevilla. Desde la fundación de la Casa de Contratación, el organismo encargado de regular el comercio con el Nuevo Mundo, el 20 de enero de 1503 en la ciudad hispalense, hasta que Felipe V ordenó su traslado a Cádiz en 1717.

En 2025, el panorama ha experimentado cambios significativos en comparación con lo que ocurría en los siglos XVI y XVII. En la actualidad, los narcotraficantes que conocen a la perfección las características del río han llegado a llevar a cabo viajes transoceánicos en narcosubmarinos, transportando toneladas de cocaína, tal y como se evidenció en la intervención de un aparato cerca de las Azores hace apenas unos meses.

En los últimos años, el Guadalquivir ha evolucionado de ser uno de los principales puntos de entrada de hachís en España para convertirse también en una ruta importante para la cocaína, compitiendo con los narcotraficantes gallegos. Este cambio ha sido posible gracias a la transformación de los clanes históricos de narcotraficantes de ‘chocolate’ de Marruecos, quienes ya disponían de una logística avanzada, incluyendo un número considerable de narcolanchas, naves industriales, empresas de transporte y una gran cantidad de mano de obra dispuesta a dedicarse al tráfico de drogas.

Actualmente, la mayoría de las organizaciones criminales relevantes en el Guadalquivir combinan el hachís y la cocaína a gran escala, aunque la cocaína, que se produce en Perú, Bolivia y Colombia, está ganando cada vez más protagonismo.

Desde el año 2019, se han ido sumando más clanes a esta operativa delictiva. En sus inicios, empezaron a transportar fardos de hachís al mismo tiempo que algunos paquetes de cocaína, gracias a contactos con clanes de la Mocro Mafia que buscaban abrir nuevas rutas. Con el tiempo, han consolidado estas trayectorias y han aprovechado que la atención mediática desde 2018 se centró en las costas de Cádiz, especialmente en La Línea de la Concepción.

Desde 2018 hasta este año 2025, se han llevado a cabo importantes operaciones judiciales en las localidades clave del Guadalquivir, aunque estas acciones no han logrado frenar el poder de los clanes que durante décadas se han dedicado al tráfico de drogas y que han conseguido ganarse un respeto en el ámbito de la criminalidad organizada. En periodos de receso, estos clanes suelen reestructurarse para fortalecerse aún más.

El hecho de que África se haya convertido en un punto de referencia internacional en el tráfico de cocaína, junto con la caída de los precios debido a su producción industrial récord, ha desencadenado movimientos que han catapultado a los narcotraficantes del Guadalquivir, quienes han sabido aprovechar la situación. En primer lugar, porque sus antiguos aliados del norte del Magreb les facilitan el acceso a importantes cargamentos de cocaína con menos riesgo, y en segundo lugar, porque el precio de la cocaína al por mayor ha disminuido considerablemente, lo que les ha permitido financiar cargamentos de droga que antes les resultaban inalcanzables.

La semana pasada, como se informó en exclusiva, fue detenido en Sanlúcar de Barrameda alias El Marqués, un lugarteniente de la organización criminal que en su momento fue liderada por Iván Odero, conocido como El Niño, con 1.100 kilos de cocaína. Este caso es un claro ejemplo de la evolución del crimen organizado en la región, ya que en 2011, David R.R. fue capturado con 1.500 kilos de hachís transportados en una ‘goma’.

Ese hachís tendría un valor de mercado de aproximadamente 7,8 millones de euros al precio del gramo en aquella época, si se vendiera en su totalidad al consumidor final. En contraste, el coste que tendría actualmente el último alijo de cocaína si fuera adquirido por un consumidor final ascendería a 66 millones de euros, lo que representa una diferencia notable y convierte al polvo blanco en la droga preferida de las organizaciones criminales del Guadalquivir en la actualidad.

El crecimiento del narcotráfico ha sido tan notable que algunos habitantes de La Puebla del Río han intentado llevar a cabo travesías desde Martinica en un pesquero cargado con 9 toneladas de cocaína en este mismo año, junto a colaboradores colombianos. Su tarea era vigilar la mercancía y coordinar que las narcolanchas recibieran la droga en aguas cercanas a España, para que finalmente acabaran en una ‘guardería’ del Guadalquivir, tal como se adelantó en su momento en este periódico.

Sin embargo, la noticia más impactante fue que la Armada Portuguesa encontró a un tripulante sevillano en el narcosubmarino que fue interceptado en las Azores en marzo pasado. El objetivo era que los 6.600 kilos de cocaína terminaran como los alijos que fueron incautados en Coria del Río en diciembre de 2024 y en la Puebla del Río en enero de este año, que sumaron 7 y 2,8 toneladas, respectivamente. Se trata de alijos de droga característicos de grandes organizaciones criminales. Existe un creciente temor de que la situación de violencia en la zona pueda escalar, ya que es cada vez más común encontrar armas de guerra utilizadas para defenderse de posibles incautaciones de estupefacientes.

Si en los próximos meses alguien navega de noche por el río Guadalquivir, desde Sanlúcar de Barrameda hasta el Puerto de Gelves (Sevilla), será poco probable que no se encuentre con alguna narcolancha esperando el momento de activar un alijo. Las pruebas de los delitos son evidentes durante el día, desde garrafas de gasolina hasta narcolanchas abandonadas. A principios de agosto, en un corto trayecto de pocos kilómetros desde la desembocadura del Guadalquivir, se podían observar cuatro ‘gomas’ abandonadas entre la vegetación de las marismas. Todo esto es visible para cualquiera, lo que demuestra que el negocio sigue operando con normalidad.

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