Título: El tráfico internacional de hachís afecta a Galicia con mayor intensidad que nunca
Contenido completo reformulado: El consumo de hachís nunca ha cesado, sin embargo, en 2023, la situación presenta características distintas. Aquellos que iniciaron su relación con el hachís en décadas pasadas continúan, en términos generales, demandando la resina de cannabis que se produce en las montañas de Marruecos. A esta población se ha sumado toda una nueva generación (o incluso generaciones) que, influenciada por un flujo constante de estímulos, refuerza la noción de que los productos derivados de la marihuana no conllevan riesgos para la salud.
El comercio clandestino de mercancías ilegales resulta altamente rentable, y cada vez son más las personas que, en toda España en general y en Galicia en particular, buscan aprovecharse de este lucrativo mercado. Así, aunque Marruecos se encuentre relativamente distante de Pontevedra en el mapa, los narcotraficantes de las Rías Baixas han comenzado a desempeñar un papel crucial en las diferentes etapas del comercio de hachís, no en la producción, pero sí en su transporte, aportando tanto el personal como la infraestructura necesaria para cruzar el Estrecho con los fardos de arpillera cargados de pastillas de "chocolate".
La Guardia Civil, liderada por el Equipo de Delincuencia Organizada y Antidroga, pero también con la colaboración del ECO de la Unidad Central Operativa, la Policía Nacional, a través de la Sección Greco Galicia y las Udyco locales, así como el Servicio de Vigilancia Aduanera, había estado observando durante años cómo el panorama en las Rías Baixas estaba cambiando en lo que respecta al hachís, hasta el punto de que en 2023 se combina con el tradicional tráfico de cocaína, muchas veces para financiar los costosos acuerdos con los colombianos. Antes de la pandemia, ya se habían detectado las primeras incursiones de gallegos en el sur de España, primero a bordo de buques mercantes que transportaban fardos por la Ruta del Mediterráneo Oriental y posteriormente en rápidas lanchas en el mismo Estrecho de Gibraltar.
Simultáneamente, las autoridades comenzaron a monitorear astilleros situados en diferentes puntos de la provincia, esencialmente en O Salnés, pero también en el norte de Portugal. Tenían conocimiento de que se estaban fabricando narcolanchas en serie, la mayoría de ellas de doce metros de eslora y equipadas con tres motores fueraborda. No obstante, decidieron esperar hasta la entrada en vigor del Real Decreto Ley 16/2018, que consideraba la mera tenencia de estas embarcaciones como un delito en España. Con esa normativa en vigor, ya en 2022, las operaciones comenzaron a sucederse. Los gallegos estaban obteniendo beneficios de 50.000 euros por cada lancha que vendían para el tráfico de hachís, y la cantidad de embarcaciones vendidas era considerable.
En las operaciones Munari, Keruman-Samario y Endurance, las autoridades lograron incautar alrededor de 100 embarcaciones. Además, los jueces dictaron prisión para decenas de individuos por un delito de contrabando, tal como estipula el marco legal vigente. Esto ocurrió tanto en Pontevedra como en el norte de Portugal, donde los gallegos pasaron a dominar los astilleros. En 2023, continúan operando allí, ya que la legislación del país vecino les proporciona protección.
Paralelamente, las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado lograron verificar la actividad de las propias redes gallegas en el Estrecho. El primero en ser detenido fue Francisco Javier Otero Magdalena, quien estuvo involucrado en una escena dramática en la que un narcotraficante fue atropellado accidentalmente durante una persecución. A la red investigada se le atribuyó la posesión de 1.621 kilos de hachís.
Meses después, en la operación Arruda, el escenario se trasladó a Pontevedra, donde se detuvo a 27 personas vinculadas a al menos dos descargas que sumaban un total de 6.000 kilos. La mayoría de los detenidos eran lancheros de O Salnés. El centro de las operaciones se situó en A Illa de Arousa, aunque el negocio se estaba desarrollando en el Estrecho, donde se habían desplazado.
Finalmente, esta semana se tuvo conocimiento de una tercera vía de negocio: el transporte terrestre. Galicia está completamente inmersa en el comercio de hachís.
