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El narcotráfico ha comenzado a reclutar a menores como sicarios en Suecia, Francia, Países Bajos y España.

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El narcotráfico ha comenzado a reclutar a menores como sicarios en Suecia, Francia, Países Bajos y España.
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El narcotráfico ha comenzado a reclutar a menores como sicarios en Suecia, Francia, Países Bajos y España.

Título: El crimen organizado ya utiliza niños-sicario en Suecia, Francia, Países Bajos y España

Contenido reformulado: Los límites morales de los líderes del crimen organizado europeo han desaparecido, algo que se ha vuelto evidente desde hace tiempo. Detrás de los miles de millones de euros que produce la industria del narcotráfico, se encuentra un abuso sistemático de menores. Cada vez es más común que se emplee a niños para cualquier actividad que genere beneficios económicos para las organizaciones criminales. Lo habitual es que estos jóvenes tengan entre 14 y 18 años, pero hay casos de mafias que reclutan a niños y niñas menores de 14 años, buscando así que sus acciones no puedan ser objeto de un juicio penal.

En el contexto español, este fenómeno ha sido común entre clanes dedicados al narcotráfico, que han utilizado a menores para monitorear los movimientos de las fuerzas policiales, facilitando la venta y el transporte de drogas. Su función principal consiste en estar atentos a sus teléfonos móviles y permanecer en lugares específicos de las localidades para ofrecer alertas inmediatas sobre las patrullas de la Policía Nacional, la Guardia Civil y Vigilancia Aduanera.

En los ataques también participó una niña de 14 años que no puede ser juzgada penalmente, y lo alarmante es que las tres fueron reclutadas por otro adolescente a través de la aplicación Signal. Este enlace era un joven que trabaja para el Clan Foxtrot de Estocolmo, uno de los principales proveedores de drogas en la capital nórdica.

Estos clanes son responsables de numerosos atentados con explosivos y asesinatos en todo Suecia. Sus líderes son de origen kurdo-iraquí y residen en su país de origen, aunque algunos están distribuidos en ciudades como Dubái, Marruecos y España. Se han distanciado de Suecia por temor a ser asesinados por sus adversarios. A las niñas se les pagó un total de 3.800 euros por sus acciones, una cantidad irrisoria considerando la gravedad de los delitos cometidos.

Este es solo un caso reciente; un chico de 16 años, el 3 de marzo, inició un incendio en la puerta de un apartamento en Biskopsgården, Gotemburgo, y días después detonó una granada de mano. Asimismo, otros menores de 15 años realizaron actos similares el 20 de septiembre en Spånga, al oeste de Estocolmo, lanzando cuatro granadas de mano contra otras viviendas. Como si fuera un juego infantil, la policía sueca los llevó de vuelta a casa con sus padres. Les faltó poco para reprenderlos físicamente y señalarles que sus acciones eran incorrectas.

Este año se han registrado más de 100 atentados con explosivos en Suecia, dirigidos contra viviendas o locales comerciales. En muchas de estas ocasiones, el autor principal ha sido un niño o una niña. Se han dado casos en los que una niña de 13 años colocó una bomba en una tienda como método de extorsión.

Por este motivo, la Policía sueca lanzó hace aproximadamente tres meses una campaña en redes sociales para combatir este fenómeno criminal, con la intención de llegar a los menores y hacerles comprender los riesgos asociados a la comisión de estos delitos.

Los niños, que se encuentran principalmente en situaciones de vulnerabilidad, son captados a través de plataformas como Instagram, Snapchat, Signal y Telegram, y se les ofrecen cantidades de dinero tan bajas que ningún criminal profesional aceptaría. Esta tendencia ha sido adoptada por organizaciones criminales suecas que contratan a niños como sicarios. Este método ha sido exportado y se ha intentado implementar en la Costa del Sol.

Este problema, que se originó en Suecia, se ha extendido a los Países Bajos y Bélgica, donde una parte de los cientos de atentados con explosivos asociados al crimen organizado son también perpetrados por menores, quienes se infiltran en puertos como los de Róterdam y Amberes para retirar cocaína. En Francia, en barrios de Marsella, Nantes, Avignon y en suburbios de París, hay niños que no solo están involucrados en la venta de drogas o en la vigilancia de los perímetros de seguridad de los puntos de venta, sino que también transportan armas de guerra y son utilizados como sicarios.

En España, las redes criminales suecas y la Mocro Mafia han intentado llevar a cabo asesinatos de rivales utilizando a niños. La organización marroquí-holandesa logró cumplir este objetivo en la Costa del Sol el 7 de diciembre de 2024. Aunque se desconoce si la víctima era el objetivo real. Aquella madrugada, en la calle Asturias de Fuengirola, fue asesinado a tiros Jasin Ajar, un joven de 25 años originario de Zwolle, Países Bajos.

Su familia inmediata ha desvinculado su nombre del crimen organizado y ha afirmado que debe haber sido un error, dado que él trabajaba en el club de cannabis The Legends, que ya ha cerrado de forma definitiva, donde esa noche se encontraban otros individuos que no fueron identificados. Este tipo de negocios ha generado numerosos problemas en toda la Costa del Sol, ya que han sido puntos de encuentro para narcotraficantes importantes en la zona, además de ser un lugar clave para el blanqueo de capitales en los últimos años.

El sicario que llevó a cabo el asesinato de Jasin fue Shah C., un joven belga de 17 años a quien un clan de la Mocro Mafia contrató para viajar a Málaga con la misión de asesinar a su víctima con un fusil de asalto. Las armas fueron trasladadas a la Costa del Sol desde París por tres chicas que también fueron identificadas durante esta investigación.

La Fiscalía neerlandesa ha encontrado pruebas suficientes que sugieren que Shah C. se equivocó de persona al disparar, pues el mismo sospechoso que instigó el asesinato en Fuengirola, un individuo de 20 años de Ámsterdam llamado Nail el G., también está vinculado a otros dos asesinatos. Durante la investigación, se interceptó una conversación con otro sicario en la que le aconsejaba que no cometieran el mismo error que en España, probablemente haciendo referencia a la muerte de Jasin Ajar, el primer asesinato confirmado de un sicario menor de edad en España.

No será el último. En la misma Costa del Sol, la Policía Nacional evitó otros dos asesinatos encargados a menores en el último año. Uno de los objetivos era un líder de los Comanches en España, una nueva facción de la banda motera Bandidos. Además, una de las oficinas encargadas de los asesinatos estaba dirigida por un niño sueco-marroquí de 14 años desde Alicante, quien operaba a través de Telegram siguiendo el modus operandi exportado desde el norte de Europa. La ficción siempre se ve superada por la realidad.

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