Título: El aumento de la violencia extrema en los robos de drogas se intensifica en España
Contenido reformulado: En la mañana del pasado domingo, 18 de enero, los efectivos de la Guardia Civil realizaron una inspección en una plantación indoor de marihuana ubicada en una vivienda de la calle Juan XXIII, en la pequeña localidad del Sureste de España denominada Algar, perteneciente a Cartagena. Tras llevar a cabo dicha revisión, comenzaron a recolectar los cogollos y los colocaron en un vehículo camuflado. La localización de este lugar fue resultado de la investigación tras el asesinato a tiros, ocurrido poco antes, en la madrugada, del conocido como ‘Pachequero’, un individuo de 41 años ampliamente reconocido en la comunidad.
Un grupo armado entró en la vivienda durante la noche con la intención de sustraer la droga. Al resistirse, el individuo recibió un disparo. Este incidente representa una muerte más que se vincula, supuestamente, al tráfico de drogas, y lo más preocupante es que se está convirtiendo en una situación cada vez más común, ya que no se trata de grandes organizaciones criminales. Las víctimas de estos eventos son, en su mayoría, simples peones. Además, lo sucedido, más allá de ser reportado en los medios locales, apenas recibe atención de la opinión pública española.
Durante esa misma madrugada del 18 de enero, un segundo grupo criminal dio muerte a tiros a un hombre de 45 años en un cortijo situado en las afueras de Pechina, una localidad almeriense apodada ‘Villa Narco’. Según el delegado del Gobierno en Almería, este crimen tuvo lugar en un contexto relacionado con el tráfico de drogas, lo que sugiere que se trató de un nuevo intento de robo de droga.
La línea de investigación que se sigue en este caso parece ser la más prometedora, dado que en las cercanías de Algar y Pechina existen diversas plantaciones de marihuana que son utilizadas por diferentes organizaciones criminales para transportar la droga hacia el norte de Europa. El clima de criminalidad organizada ha transformado notablemente el panorama en el que operan los pequeños cultivadores de marihuana, haciendo que incidentes como los mencionados sean cada vez más frecuentes.
Si retrocedemos al sábado 10 de enero, nos encontramos con un intento de robo a un narcotraficante en las inmediaciones del Faro de Calaburras, en la Cala de Mijas. En este caso, el punto crítico fueron 75 kilos de hachís que estaban siendo transportados en ese momento. En el suceso intervinieron varios vehículos, cuyos ocupantes tenían como objetivo robar esa droga a un narcotraficante que la transportaba. El incidente culminó con una persona gravemente herida por disparos.
Los acontecimientos de enero dejan en evidencia que existen organizaciones criminales que buscan apoderarse de la droga de otros utilizando una violencia extrema de manera casi habitual, lo que genera inestabilidad en el mundo del crimen dondequiera que se produzcan. Clanes que se dedican a las plantaciones de marihuana, junto con otros que operan pequeñas ‘guarderías’ de hachís, que anteriormente no requerían de tanta seguridad, ahora han comenzado a adquirir armamento de guerra para proteger su mercancía. Esta ha sido la nueva realidad desde hace tiempo, consecuencia de la profesionalización de las organizaciones criminales que se especializan en robar droga a otras.
El hecho de que dos albaneses custodian un cargamento de hachís armados con varios fusiles de asalto tipo Kalashnikov (AK-47) en una vivienda situada en las afueras de Algeciras era casi inimaginable antes de 2018. Actualmente, son escasas las organizaciones criminales que contemplarían almacenar droga en un lugar sin que nadie la proteja con armamento pesado.
Este suceso, ocurrido en diciembre, es solo un reflejo del clima que ha ido escalando en los últimos años, ya que el propietario de la droga puede sufrir un robo tanto en la guardería como en el transporte final hacia sus clientes. El temor a perder dinero influye significativamente en esta situación de desconfianza entre los clanes criminales.
Estos robos inciden de manera notable en el incremento de la violencia en el ámbito del crimen organizado, y no se limitan al sur de España. Como ejemplo, cabe recordar que en este mismo mes de enero se produjo un tiroteo en Vila-seca (Tarragona), donde desde un vehículo abrieron fuego contra otro en la N-340, provocando el accidente del coche que fue blanco de los disparos. Se presume que fue un atentado derivado de un conflicto también ocasionado por un robo de drogas.
Estas tensiones están directamente vinculadas con la crisis que enfrenta la criminalidad organizada en cuanto a los acuerdos verbales. El aumento de robos y estafas que se producen durante los actos de entrega de droga y dinero ha llevado a un incremento de la desconfianza, convirtiendo lo que antes era un mero trámite en un momento crítico. No solo porque una organización pueda traicionar a la otra, sino también porque en esos instantes puede aparecer un tercer clan criminal que interrumpa dicha entrega de droga y busque robarla. Se han registrado varios incidentes de este tipo en España.
Si a la violencia generada por los robos se le suma la que emana de las tensiones internas dentro de grupos criminales fragmentados, la situación se vuelve negativa, ya que hay organizaciones de narcotráfico que no dudan en reclutar a niños o adolescentes para llevar a cabo este tipo de acciones.
Un claro ejemplo de organizaciones criminales de esta índole es la red Dalen sueca, un grupo dedicado al narcotráfico del cual se ha informado esta semana que secuestró a un noruego en Alicante, al que le exigieron un rescate de aproximadamente 70.000 euros.
Este clan mafioso lleva a cabo asesinatos en Suecia utilizando a menores, y extorsiona a empresarios mediante atentados con explosivos. Su presencia en Alicante no es una noticia alentadora, ya que indica que se están estableciendo en la zona con el objetivo de controlar personalmente las rutas de drogas hacia Suecia. La llegada de bandas que generan guerras de narcotráfico en su territorio solo traerá más violencia, y se convertirán en objetivos de más robos. Mientras tanto, el Estado parece desentenderse de la situación.
